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¦ #AdoptaUnaAutora ¦ «Vértigo o contemplación de algo que cae»; palabras sobre Alejandra Pizarnik


Tras la publicación de varias entradas sobre Alejandra Pizarnik, sentí la necesidad de separarme de mi propia voz para mostrar voces ajenas que permitan retratarla desde distintos puntos de vista y a través de un amplio abanico de sentimientos. Esta idea resultó en una pequeña transcripción de la introducción de un documental que se encuentra bajo el título «Vértigo o contemplación de algo que cae» y que puede encontrarse en YouTube (enlace). Cabe mencionar dos cosas importantes. En primer lugar, no se trata de una transcripción completa ya que me habría llevado muchísimo tiempo —tiempo que, lamentablemente, no poseo— y, en segundo lugar, tampoco se trata de una transcripción perfecta —seguramente falten palabras o hayan estructuras cambiadas—, pues me resultó bastante complicado oír o comprender del todo algunas partes del documental. Sin más preámbulos, dejo plasmadas en esta entrada algunas palabras de las personas que tuvieron la dicha de conocerla, a la niña de tiza.


«Cae la música en la música como mi voz en mis voces». - Alejandra Pizarnik


...La niña de tiza...

Anécdotas de Alejandra hay miles. Cómo voy a presentar su imagen; esa imagen de opuestos. Es decir, la niña abandonada, olvidada, la niña de tiza, pintada en un muro y borrada por el viento, o bien, la niña de la aventura de la ironía, la niña que como Alicia saltaba a través del espejo para encontrarse con otro mundo. Esas dos cosas era Alejandra. 

Verdaderamente, en ese momento, aún cuando a veces tuviera dolores, sufrimientos, era capaz de olvidarlos y de sentir una especie de plenitud, de fuego, de diálogo con las demás, de estar constantemente trabajando sobre la palabra y de capacidad inventiva de la palabra. En ese sentido yo no he tenido nunca una experiencia de relación de amistad profunda con alumnas mías que tuvieran una posibilidad creativa tan grande y que esa posibilidad creativa les abriera caminos increíbles que les ofrecía el mismo lenguaje.

Elizabeth Azcona Cranwell

...La guerra por los kilos...

Al principio nos esperábamos en la parada del colectivo, después ella empezó a pasar a buscarme por casa, y, bueno, decidimos hacer esa caminata todos los días a la escuela y ahí fue donde, poco a poco, fuimos descubriendo que teníamos muchas cosas en común. Una de ellas, el gran cariño y admiración que ambas sentíamos por nuestros padres. La segunda, la guerra por los kilos. La tercera, nuestras mamás. Teníamos mamás que nos gritaba mucho.

Lia Boriani

...Un material demasiado grande...

Yo armé el libro a partir de las palabras de los amigos, por medio de entrevistas. Y a medida que iba avanzando en esas entrevistas, hubo un momento en los que pensé que sabía demasiado, que sabía demasiado poco, que era un material demasiado grande. Hubo muchas dudas. Hubo un momento en el que me sentí mal.

Cristina Piña

...Poesía...

Conocí a Alejandra en París, en un bar que se llamaba *incomprensible*. Yo le llevaba una antología de poemas con poemas suyos. Bueno, fue una cosa instantánea, de seducción... La figura de ella, sus ojos, su continua habla de la poesía.

Marcelo Pichon Riviere

...Cigarrillos...

Cuando se dio la vuelta la reconocí. En ese momento, ese amigo me dijo, te presento a Alejandra Pizarnik. Y yo estaba tan emocionada, tan conmovida... No sé qué me pasaba. No pude decir ni una palabra, ni siquiera ahora. Y ella se dio la vuelta, me miró y yo abrí mi bolso y le entregué todos mis cigarrillos que tenía. Y a cambio de los cigarrillos, ella arrancó una página y me regaló las pruebas que estaba corrigiendo, en ese momento, de La Condesa Sangrienta.
Ana Becciú

...Como si se fuera a caer...

Esa noche no había mucha gente; sólo un grupo de amigos diferentes... Yo, a varios, no los conocía. Me llamaba la atención la casa de Alejandra donde había varias fotos de los escritores que ella admiraba, del padre, por ejemplo. Las paredes estaban blancas. Había descolgado todo. Era realmente impresionante. Y Alejandra se paseaba y se agarraba de los amigos y colgaba de los brazos como si se fuera a caer. Estaba... emotiva. 

Teddy Paz

...Gemido...

Llamaba la atención que en medio de su permanente recurso melancólico, ella, paralelamente, viviera como alguien poseído por el humor, como una *incomprensible* de la ironía, de la gracia. Era todo el tiempo una enorme carcajada; una carcajada que se volvía como un gemido, tal vez, porque la realidad después de cuatro, cinco días, la apremiaba. Solía estar más de dos o tres días sin dormir en una vigilia permanente. 

Fernando Noy

...La miopía de las editoriales...

Sí, el desinterés de las editoriales argentinas por este material es realmente apabullante... Yo estoy absolutamente segura que pueden pasar cinco, diez, veinte, cincuenta años hasta que se reconozca que Alejandra Pizarnik es el *incomprensible* de Latinoamérica e Hispanoamérica. Pero es inevitable que se reconozca tarde o temprano. Lo que también se reconocerá, simultáneamente, es la miopía de las editoriales argentinas y latinoamericanas que dejaron pasar una oportunidad literaria y comercial pasmosa y cometieron los errores más bochornosos de la historia de las editoriales argentinas. 

Ivonne Bordelois

...Madre...

¿La infancia de Alejandra? Bueno, tuvo una infancia muy feliz... Era una niña muy alegre; era de jugar; era fácil de hacer muchas amistades. Y pienso que disfrutó mucho su infancia. (...) Cuando tuve mi primer hijo, ella me ayudó mucho porque, no sé, yo, quizás me sentía incapaz de atender a mi hijo, entonces, ella tomó un papel de madre que no me lo imaginaba y lo cambió, lo bañó... Cosas que ninguna de las dos sabíamos nada de eso. Así que fue una cosa que me sorprendió mucho. 

Myriam Pizarnik de Nesi


«¿Quién es el heredero del viento,
quién me llena la boca de días,
quién hace que yo viva?»
- Alejandra Pizarnik


2 comentarios:

  1. Me ha parecido una entrada preciosa, Diana. Gracias por compartirla con nosotros. Tengo muchas ganas de leer a Alejandra y temo que quizás esté alargando demasiado el momento *__* Ya te diré.
    Besos

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  2. ¡Qué preciosa entrada, Diana! ¡Qué voces tan bien elegidas! ¡Qué emotividad! ¡Qué belleza! Pasarme por tu blog implica, en ocasiones, que las palabras me abandonen para que sean mis sentidos los que se apoderen de mi...

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